El agua llega a la Tierra a través de la lluvia, corre por las montañas hacia los ríos, regresa a los océanos y se evaporiza, para volver a caer como lluvia.

Este concepto tan simple, no fue claramente reconocido por la ciencia hasta el año de 1740, por Perrault y Mariotte. 

La Biblia identificaba este proceso con miles de años de anticipación (Job 36:27-28; Eclesiastés 1:7).

2. Corrientes en los océanos.

Los arqueólogos han usado muchas veces a la Biblia como un documento histórico confiable que, muchas veces, les ha guiado al descubrimiento y confirmación de culturas antiguas descritas con cientos de años de anticipación en las Sagradas Escrituras.

Uno de estos científicos, fue Mathew Fontaine Maury, quien razonó que "las sendas de las aguas", mencionadas en el libro de Isaías 43:16, tenían que ser correctas científicamente.

Como resultado, gastó la mayor parte de su vida investigando y mapeando las corrientes de los océanos usadas por los marineros.

Esto contribuyó a la disminución de accidentes en el mar ya la eficacia de la navegación.

Sus descubrimientos fueron publicados en 1855, por lo cual se le llamó "El Padre de la Oceanografía".

En el Salmo 8:8, 2,800 años antes de estos descubrimientos, también se menciona "los senderos del mar".

3. Patrones de vientos globales.

Solo con la avanzada tecnología satelital se han podido definir con exactitud las corrientes globales del viento.

Pero, hace 3,000 años, el rey Salomón, escribió (Ecl.l:6), describiendo el ciclo repetitivo del viento soplando hacia el sur, volviendo sobre el norte y regresando al mismo patrón.

Salomón jamás tuvo satélites ni otras herramientas que le pudieran revelar estos hechos científicos.